En Estados Unidos, una conversación con una IA puede quedar protegida por el privilegio abogado-cliente o como work product, pero no siempre. Depende de dos hechos: quién dirigió el uso de la herramienta y qué dicen las condiciones de la cuenta. Lo muestran las tres primeras resoluciones federales, de febrero y marzo de 2026: dos protegieron el material y una no. El más expuesto es el cliente que ya tiene abogado y consulta por su cuenta un chatbot para particulares.
Heppner: el acusado que consultó a Claude por su cuenta
El caso más citado es United States v. Heppner, del Distrito Sur de Nueva York (n.º 25-cr-00503). Lo resolvió el juez Jed S. Rakoff en febrero de 2026.
El FBI registró la vivienda del acusado y se incautó de unos 31 documentos con sus conversaciones con Claude. Heppner la había usado por iniciativa propia, sin indicación de sus abogados, para analizar su situación y esbozar argumentos de defensa. Después les entregó el resultado.
El tribunal negó el privilegio por tres motivos. El primero es que Claude no es abogado. «Que Claude no sea abogado basta por sí solo para desestimar la pretensión de privilegio de Heppner», escribió el juez (traducción propia, como las demás citas).
El segundo es que faltaba una expectativa razonable de confidencialidad. Según el tribunal, la política de privacidad para particulares que Heppner aceptó permitía usar lo escrito para entrenar el modelo. También permitía comunicarlo a terceros, incluidas las autoridades. Era la política vigente en aquel momento.
El tercero es que no actuó por indicación de sus abogados. Por eso tampoco hubo protección como work product, que cubre el material preparado por el abogado o bajo su dirección.
La nota al pie sobre la renuncia
En una nota al pie, el juez fue más allá. Aunque algo de lo escrito estuviera protegido, Heppner habría renunciado a esa protección al compartirlo con Claude y Anthropic. Para el juez, era lo mismo que compartirlo con cualquier otro tercero.
El despacho King & Spalding subraya que el argumento quedó «relegado a una nota al pie». Además, da por sentado que escribir una instrucción equivale a compartir información con la propia herramienta.
Algunos comentaristas creen que la nota alcanzaría también al consejo del abogado que el cliente copia en el chat. Es una lectura suya, sobre pocos hechos, y no lo que resolvió el tribunal.
Warner y Morgan: el trabajo con IA quedó protegido
El 10 de febrero de 2026, otro tribunal llegó a la conclusión contraria en Warner v. Gilbarco (Distrito Este de Míchigan, n.º 2:24-cv-12333). La parte demandante litigaba sin abogado. Sus preguntas a ChatGPT y las respuestas quedaron protegidas como work product de opinión, el que refleja el análisis de la propia parte.
Compartirlas con ChatGPT tampoco supuso una renuncia. Para el tribunal, renunciar exige revelar el material a la parte contraria. Los programas de IA, escribió, «son herramientas, no personas, aunque alguien las administre en segundo plano».
El 30 de marzo de 2026 llegó Morgan v. V2X (Distrito de Colorado, n.º 25-cv-01991). El tribunal admitió que el work product puede cubrir el trabajo con IA de una parte sin abogado. Usar la IA no supone por sí solo renunciar a esa protección.
Qué separa los tres casos
Lo que separa los casos no es la tecnología, sino dos hechos que el abogado controla: quién dirigió el uso de la IA y qué dicen las condiciones de la cuenta. Heppner tenía abogado y usó por su cuenta un chatbot para particulares. En Warner y Morgan, en cambio, quien usó la herramienta litigaba sin abogado.
Quedan dos cuestiones abiertas. Ningún tribunal ha decidido qué pasa cuando el abogado dirige el uso de la IA de un cliente representado. Tampoco hay resolución sobre las cuentas de empresa con cláusulas de confidencialidad. Según un artículo de la IBA, ninguna de las resoluciones «pretendía sentar reglas generales» para todos los usos posibles de la IA en un litigio.
OpenAI no entrena por defecto con los datos de ChatGPT Enterprise, ChatGPT Business, Edu ni de su API. Anthropic tampoco lo hace con sus productos comerciales. Aun así, Orrick y la IBA dan por abierta la cuestión de la protección (más sobre cada tipo de cuenta en si es seguro pegar documentos en ChatGPT).
Qué significa para un despacho español
En España no existe el privilegio al modo estadounidense. Rige el secreto profesional del artículo 542.3 de la Ley Orgánica del Poder Judicial y del Estatuto General de la Abogacía Española. Ese deber obliga al abogado y no pertenece al cliente. Cubre todo lo que el abogado conoce por su actuación, no solo los nombres, igual que la Regla Modelo 1.6 de la ABA.
Las tres resoluciones no se aplican en España. Sí muestran qué mira un juez ante una conversación con una IA: quién dirigió el uso y con qué cuenta. Si su despacho lleva asuntos en Estados Unidos, le afectan de cerca.
Qué decir al cliente
Lo prudente es darle al cliente una instrucción por escrito. No debe consultar su asunto por su cuenta en un chatbot para particulares. Si conviene usar la IA, lo hará por indicación documentada del abogado y con una cuenta de empresa.
Orrick recomienda incluir instrucciones sobre IA en las advertencias Upjohn (el aviso a los empleados de que el abogado representa a la empresa) y en los protocolos de investigación. Aconseja también tratar los chats y sus exportaciones como material que puede pedir un juez.
En Estados Unidos, la Opinión Formal 512 de la ABA, de 29 de julio de 2024, exige el consentimiento informado del cliente. Hay que obtenerlo antes de introducir información del asunto en una IA generativa que aprende de lo que recibe. Una cláusula genérica en la hoja de encargo no basta.
En España, esa instrucción puede figurar en la hoja de encargo. Para trasladarla a la política interna, vea cómo redactar la política de IA de un despacho pequeño.
Quitar los identificadores: lo que cambia y lo que no
Quitar los identificadores no hace que un chat quede protegido por el privilegio. Tampoco hace que un documento deje de ser confidencial. Cambia lo que revela cualquier copia de la conversación si un día llega a un tribunal.
promptShield quita esos identificadores en su propio ordenador. La función Codificar sustituye nombres, domicilios, números de cuenta y otros datos por códigos cortos con la forma [P0ABCD], cuya primera letra indica el tipo de dato.
Dentro de una carpeta, un mismo valor conserva su código. En otra carpeta recibe un código distinto, salvo si el código se fijó a mano. La función Decodificar recupera los valores reales desde un archivo o un texto pegado, con el Registro de códigos guardado en su ordenador.
Ese registro es un archivo corriente. Está sujeto a las mismas reglas que los demás archivos del despacho, también ante un requerimiento judicial. Más detalles en cómo funcionan los códigos reversibles.
La detección, el reconocimiento de texto y el tachado se ejecutan por defecto en su equipo. La excepción es el Análisis profundo, una función opcional. Si se configura con un modelo remoto, el texto de las páginas sale del ordenador. Los planes de escritorio están en la página de precios.
Preguntas frecuentes
¿Está protegida por el secreto profesional una conversación con ChatGPT?
En España rige el secreto profesional, que es un deber del abogado. En Estados Unidos, la protección depende de quién dirigió el uso y de las condiciones de la cuenta.
¿Qué han decidido los tribunales de EE. UU. sobre IA y privilegio?
Heppner negó la protección a un acusado que usó Claude por su cuenta. Warner y Morgan protegieron como work product el trabajo de partes sin abogado. Son tribunales de distrito y sus decisiones pueden apelarse.
¿Puede un cliente pegar en una IA el consejo de su abogado?
Es arriesgado. En Heppner, una nota al pie trató lo escrito en Claude como información compartida con un tercero. Algunos comentaristas la extienden al consejo del abogado. Conviene advertir al cliente por escrito antes de que ocurra.